La Asamblea de los Pueblos cierra con un gran manifiesto a la resistencia
Desde el salón Venezuela en el círculo militar de Caracas, se lleva el cierre de la asamble de los pueblos con un gran manifiesto, en el que, además de instar a construir un nuevo orden mundial basado en la justicia, la independencia y el fin del intervencionismo, se proclamó a Caracas como “capital de los pueblos que no se rinden” y “corazón simbólico de una red de resistencias” a escala global.
Con la presencia de la Vicepresidenta Delcy Rodriguez, el canciller Ivan Gil y la presidenta del Instituto Simon Bolivar Blanca Eekhout.
La Vicepresidenta recordó la valiosa herencia emancipadora y Bolivariana de Venezuela que sigue guiando a nuestra nación en la defensa de su soberanía y principios de hermandad con los pueblos del mundo.
Delegaciones de más de 50 países, representantes de pueblos originarios, gobiernos, parlamentos, sindicatos, organizaciones juveniles, culturales, espirituales, comunales y movimientos sociales, denunciaron el viejo orden internacional, descrito como un sistema cimentado en el miedo, la mentira y el despojo, que hoy se disfraza de “seguridad”, con cercos militares, y de “libertad”, con cadenas económicas.
Frente a ello, los pueblos reunidos en la Asamblea afirmaron que “no basta resistir, hay que florecer y vencer”, en tanto reivindicaron la paz como lucha que siembra y cosecha justicia, no como silencio impuesto a los sometidos. El manifiesto reconoce a la República Bolivariana de Venezuela como “laboratorio de resistencias” y “faro de convocatoria”, destacando el legado del Libertador Simón Bolívar, la visión estratégica del Comandante Hugo Chávez en la construcción de un mundo multipolar y el papel del presidente Nicolás Maduro en la articulación de esta instancia internacional frente a la “guerra multidimensional” contra los pueblos del Sur.
Igualmente, rinde homenaje a la resistencia del pueblo cubano, que durante más de seis décadas ha enfrentado bloqueos, invasiones y campañas de odio sin renunciar a su soberanía, y reconoce la coherencia ética de Fidel Castro como referencia para las luchas actuales.












